LLegado
el invierno, nuestro barco deberá pasar por situaciones difíciles
en cuanto inmovilidad y frio que, unido a la humedad propia del mar
hacen necesaria adoptar una serie de precauciones. La primera de ellas
se refiere a la condensación que se produce en el depósito
de combustible. debemos dejar el barco con los depósitos de combustible
llenos.
En los veleros deberán lavarse las velas y guardarlas, para el
caso de que no vayan a utilizarse, repasar todos los aparejos, lavarlos
con agua dulce y protegerlos del tiempo. Las baterías deben ser
cargadas, como mínimo una vez cada quince días, comprobar
su estado de carga y que tengan suficiente agua destilada.
A pesar de que la actividad bajo el agua no es tan alta como en verano,
los fondos deben estar limpios, por ello es aconsejable, cuando menos,
limpiarlos dos veces al año, y darle la oportuna pintura anti-fouling.
Debe prestarse especial cuidado con todos aquellos elementos que permanecen
al exterior, utilizando productos adecuados, barnizar las maderas, dar
aceite a las tecas, grasa en los puntos de trabajo, teflón en
el piloto automático y un largo además.
La embarcación auxiliar, normalmente tipo neumática, deberá
lavarse bien con agua dulce, rociarla de polvos de talco y guardarla
en su saco o funda. El motro auxiliar de la neumática deberá
repasarse y protegerlo de la intemperie.
Y sobre todo, intentar mover el barco lo más posible, poniendo
en funcionamiento los motores, los aparatos de electrónica, la
radio, puesto que su funcionamiento provoca calor y evita que se vayan
deteriorando por culpa de la humedad.
Cualquier elemento a bordo, hoy en día, tiene su manual de instrucciones
de fabricante, por lo que, una atenta lectura de dichos manuales, nos
indicará el tratamiento adecuado.
También hay que revisar el material de seguridad y comprobar
su fecha de caducidad. En definitiva, hay que aprovechar los días
invernales para poner el barco a punto.